jueves, 16 de julio de 2015

Futuro Gobernador: Héctor Astudillo

     
                    
Por: Juan López


    Lo que pareciera ser una ruda travesía por el desierto, puede con ciertos ingredientes que se le añadan, convertirse en un recorrido de hazañas heroicas y parlamentos que conjuguen el diálogo. De los hombres Cetegs y Ayotzinapos -relámpagos-fantasmas-alienígenos-vagabundos-, por sólo  etiquetar a dos tipos, que han puesto en marcha un plan llamarada para ofuscar sus pretensiones y exaltar su vandalismo en Guerrero, ninguno es suicida. Cuando mucho son prófugos de una niñez árida y llagas de una infancia que busca en la cicatrización, olvido a sus penurias. Nadie está trastornado. De una u otra manera todos buscan el bienestar. Sí, desean calidad de vida y se enfurecen por la tardanza con que se les ofrecen soluciones.

    No hay en la vida y el mundo un problema que no tenga solución. Los Estados Unidos que en 1945 arrojaron sobre su enemigo Japón dos bombas atómicas pulverizando Hiroshima y Nagasaki, ciudades inocentes, dispersando espanto global, setenta años después están convertidos en los mejores socios comerciales: amigos entrañables, colaboradores que se tutean en el desarrollo tecnológico.

    En los caminos de la coexistencia no hay pero que dure ni gusano que infeste las buenas intenciones. Basta buena voluntad. Sólo hay que aplicar un espíritu sano de entendimiento. Los puentes que nos conducen a la simetría del corazón son  herramientas que podemos construir entre todos. Cuando estamos en los umbrales del nuevo régimen las recomendaciones más firmes son aquellas que avienen protocolos de respeto, audiencia, escucha vitalicia y diálogo perpetuo, entre discordancias que no tienen futuro.

   Hemos padecido gobernantes soeces, rufianes y altaneros. Épocas pretéritas nos colmaron con satrapías deplorables. Existe seguridad de que en aquellos lodos germinaron las semillas de la mala tierra y hoy contemplamos impávidos como algunas generaciones hicieron nido en Ayotzinapa y en la impunidad prevalecieron sus desmanes.

   Con Héctor Astudillo Flores llega un mensajero de buenas nuevas. Trae un bagaje de inteligencia y probidad. Es la respuesta personal a los malos tiempos. Es un varón de la política que en su horizonte divisa la luz del túnel que le heredaron sus antecesores sin corazón ni razón. Los molinos de viento no son los enemigos, lo sabe. Por lo mismo su programa de gobierno tiene los pies en la tierra y lo único que vuela en su cielo es la imaginación.

   Guerrero es una entidad federativa sujeta a la normatividad social de sus líderes elegidos por el pueblo. Entre sociedad y gobierno ha sobrado desaire y ha faltado apego. El divorcio entre la autoridad y el pueblo ha sido fascinante fábula de antiética política: los que se abrogan el poder se guarecen de la soledad de la pobreza, se aíslan y protegen como si el populo fuese una lepra que contamina.

   Tengamos confianza en el porvenir. La elección reciente del 7 de junio pasado confirmó, por su votación principal a favor de Héctor Astudillo, la aprobación y simpatía que la población electoral tiene para con su gobernador inmediato. Y por su formación universitaria, su cultura personal, su arraigo en Guerrero y sus compromisos de identidad con México, tenemos garantizado que en su gobierno prevalecerá el interés público por sobre el interés privado. 

    PD: “Si así no lo hiciera, que el pueblo me lo demande”: Constitución General de la República.
                                                                     
                    

No hay comentarios: