domingo, 29 de mayo de 2016

CRONICAS DE TECPAN


Recordando a
Apolonio Castillo

Regino Ocampo Bello
La vida de Apolonio Castillo Díaz fue breve, en la misma forma que fue para otros Tecpanecos que con sus talentos naturales, lograron grandes hazañas como: Valente de la Cruz y Amadeo Sebastián Vidales, a quienes la historia los ha inmortalizado, por haber esparcido su sangre costeña en los surcos de tierras Guerrerenses, siguiendo el impulso de sus ideales de justicia.

En el caso de Apolonio, un niño robusto y sano que nació en esta tierra de Los Galeana, el 23 de mayo de 1921, sabemos por sus familiares que desde niño, mostró sus cualidades para la natación en las embravecidas  corrientes del río de su tierra natal, pero aunque a su corta edad, pudo haberse ahogado, no sucedió así, ni tampoco quiso la muerte cargar con él, cuando en un velorio por accidente, fue incendiado por una lámpara de gasolina que se incendió y fue arrojada por la persona que la prendía, cayendo en el cuerpo de Apolonio,  dejándole para toda su vida, una huella del fatal accidente, a la altura de su hombro.

Tampoco le llegó la muerte cuando en una ocasión en la ciudad de Tecpan, acompañaba a la maestra Guadalupe Acosta quien fue asesinada y su acompañante herida casi al lado de Apolonio, es seguro que los asesinos no atentaron contra su vida, porque lo conocían como un joven educado y completamente sano.

El destino llevó a Apolonio al puerto de Acapulco, siendo La Quebrada su lugar preferido, donde disfrutaba días enteros con sus amigos; los hermanos Apac, Hilario Martínez y el Chupetas García entre otros.

Don Hilario me aseguró que Apolonio fue el primero que se tiró de la parte alta de La Quebrada, que solamente fueron dos clavados y esa única vez, porque  su mamá lo supo y lo hizo que le jurara que nunca más se tiraría clavados de ese lugar, que por eso cada día 23 de mayo, cumpleaños de Apolonio, los clavadistas le hacen un homenaje, juntándose un grupo de ellos y que en ese día hacen un show especial en La Quebrada del hotel El Mirador.

Pero la vida de Apolonio, no  estaba destinada a terminar tan pronto, ni a los 5, 8, 14 o 20 años, el destino pondría primero en su camino al maestro Joaquín de la Peña, para que le adiestrara para lograr sus triunfos, sus hazañas, para llegar al salón de la Fama, darle a Tecpan el trazo de su carretera y al puerto de Acapulco, su imagen y la Unidad Deportiva, pero Apolonio ya convertido en un gran astro, importante empresario y darle gloria a Tecpan, al puerto de Acapulco y a su familia, llegaba a su pensamiento, el presentimiento de morir joven y en el mar, por eso cuando tenía momentos de reposo, no perdía la oportunidad de escuchar o repetir los versos de su poema favorito:

Quiero morir, cuando decline el día
En alta mar, y con la cara al cielo
Cuando parezca un sueño, la agonía
Y el alma un ave, que remonta el vuelo

Y volvía a su rutina, combinando sus ocupaciones de Acapulco, con sus visitas a Tecpan, en esa forma llegó al mes de marzo, el 23 de mayo, cumpliría sus 36 años, pero antes, le quedaba una tarea más por cumplir, la última, limpiar la imagen de Acapulco que se opacaba y aquel 11 de marzo de 1957, en sus últimos instantes de vida, quizá recordó, los versos del final de su poema predilecto:

Morir y joven, antes que se destruya
El canto leve, la gentil corona
Cuando la vida dice, aún soy tuya
Aunque sabemos bien…que nos traiciona.
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